23.2.25

[Sao Paulo] Sí, es verde y de colores

Mientras entiendo cómo es posible que enero (2021) este tan cerca de terminar, puedo decir que sin darme cuenta aproveché el mes. Lo aproveché cocinando, ojalá hubiera avanzando más "en lo que", pero pondré de por medio el "en estos tiempos" y pensaré que avancé lo que pude. Escribo ahora que decidí que, aunque es lunes por la tarde, mi cerebro no quiere trabajar o ¿seré yo? Escribo desde la mesa nueva del comedor, que ahora es blanca y tiene una pequeña TARDIS en el centro con su pequeña luz azul que recuerda que "al final todos somos historias y que solo hay que hacerla una buena" o intentarlo.

Así que mientras intento subir las recetas e historias de las rocas de reyes, los scones o los pastelitos fracasados, pienso en Sao Paulo y en ese último viaje antes de la pandemia. Sí, extraño viajar y fueron muchos los cancelados y otros tantos los que esperan, ahí en alguna parte del universo. Y, entonces llegué a Sao Paulo el 8 de febrero del año pasado a las 8 de la mañana, después de un vuelo con muchas turbulencias que no me dejaron dormir para no pensar en ellas.* 

Mi primer encuentro con una ciudad de la que no sabía que esperar fue hambre y calor. Ahora en mi cabeza hay dos aeropuertos que significan calor, Panamá y Sao Paulo. No sabía que esperar porque mi única experiencia con Brasil había sido Río de Janeiro y a la fecha no lo tengo tan claro, es bastante ambivalente, aunque siempre digo que es una ciudad que hay que conocer. Fuimos a Sao Paulo por el trabajo de NLE, viajar como turista desde México es un tanto raro, son unas 9 horas de vuelo y es muy caro, pero Brasil, Brasil, ese país tan lejano y tan cercano a la vez.



Me habían contado muchas cosas de la ciudad, en general las personas la describían como gris, peligrosa, sin mucho que ver. También, conozco a la fan número uno de ese país, bueno de Río, pero su visión ayuda mucho. Así que como ventaja, NLE ya llevaba varios días allí, así que fue por mí al aeropuerto de Garulhos, que debo decir, debo decir como persona de Ciudad de México, está lejísimos, lejísimo de la Ciudad. Una hora de carretera y casi sin tráfico. Lo bueno del trayecto fue ver a un hermoso y gordito capibara, aunque fuera de lejitos. Al llegar al departamento todo fue muy positivo, NLE ya había pasado por el caos de llegar de madrugada y no poder entrar, pero para mí fue encontrarme con un piso 14 con una súpervista de la Ciudad y un bonito espacio.


Pasé unos 8-9 días en la Ciudad, pasé poco tiempo sola, pero me moví en el metro y en Uber, estaba muy alerta todo el tiempo, pero creo que me sentí segura dentro de las zonas en las que estuve, aunque sí debo decir que tiene otras MUY complicadas, el centro o la zona del museo de la inmigración. Sao Paulo no es una ciudad fácil, pero es una ciudad muy verde, de colores, con museos interesantes, calles con música y personas maravillosas. 

Estuvimos en el precarnaval y con todo y el piso 14 en las noches no era fácil dormir, las batucadas y una que otra escena de pleito o algún  robo, pero la fiesta tenía su encanto... Conocimos museos, restaurantes y bares maravillosos. Coincidimos con amigos y encontramos comida japonesa increíble. Sí, podría vivir ahí una temporada.

...Dejé este post por años escrito hasta el párrafo anterior con la idea de retomarlo, de incluir fotos y detalles de lugares, museos, parques, bares y restaurantes, pero nunca sucedió. Ahora con los años muchas cosas han pasado, pero Sao Paulo sigue en la imaginación siendo verde y de colores. He hablado mucho de su museo de la migración, de sus zonas complicadas y del mejor sushi que he comido fuera de Japón. Recuerdo los parques y la música. Ese departamento de un piso 14, la alberca fría y con hojas, las noches de cervecerías y a los cafés.

Así que con un grafiti este post se va así con palabras que tienen cuatro años de distancia entre ellas y un viaje que cinco años después (PD-pospandemia) aparece aquí.


*Para ver la fecha exacta del viaje abrí mi app de vuelos... vaya crueldad mostrarme todos los programados que por supuesto no tomé.

18.10.24

[2024] Once años...

Estaba leyendo los recuerdos de FB, a veces lo hago porque me encuentro cosas bonitas. En otras ocasiones veo un algo que por casualidad he ido resposteando anualmente, pero hoy me aparació un texto de Ramon Ortega que marcaba nuestra partida de Madrid en 2013. Un día como hoy hace 11 años dejábamos esta ciudad después de tres años de vivirla, de VIVIRLA, en el plan original eran solo 9 meses.

Me gusta que la vida me de la oportunidad o, mejor dicho, me gusta haberme ido haciendo una vida con oportunidades de decidir sobre lo que me gusta, de lo que quiero y tener esa cierta libertad de ir haciendo las cosas que en ese momento deseo y necesito y que me hacen feliz. Siempre con una red pequeña, aunque tal vez menos de lo que creo, llena de personas bonitas que me hacen reír, que me acompañan y me escuchan, aunque estén a miles de kilómetros a uno o al otro o al otro lado del planeta.

Mantener a esas amistades a distancia no es fácil y tienen momentos, aprender a disfrutar esos momentos cortos o largos, saber que están a un meme o un mensaje de audio de whatsapp de distancia o que a veces están a unos metros frente al Manzanares o con gins en una terraza con gatas cuyos nombres empiezan con T o en la puerta de junto y luego a pocos minutos con perros peludos que filosofan y una niña con nombre(s) griego o nórdicos y que sabes que sobreviven distancias porque ya lo han hecho antes. Esas amistades que te abrazan escuchando y estando cuando las necesitas, aunque el abrazo sea más simbólico que real. Las que encuentras en bares ruinosos, las que conoces de a poco en otros viajes, en otros tiempos, en otros destinos. Están las personas que reencuentras y puedes llamar lagun o maite... Aquellas que te hubiera gustado conocer mejor y que un cumpleaños basta para saber que tal vez un día puedan ser más todavía, que te hubiera gustado, o mejor dicho, que me gustaría. LAs que permanecen, incluso con los cambios y el tiempo. Las que también son familia. Las que no nombre hoy, pero que están allí en los recuerdos de otras vidas.

Muchas que tal vez no saben lo importantes que son para mí, pero intento decirlo más, aunque no me salga fácil. Muchas que son base de mi vida por esas pequeñas redes, esas pequeñas acciones de dejarte pertenecer, esa sensación de sentirme acompañada, de darme cuenta que no quiero títulos en mis amistades, pero que quiero seguir teniendo a todas esas personas incluso más cerquita.

Las ciudades, los países, los viajes tienen a esas personas que tienen otras redes, a otras personas cerca o lejos, que comparten con más, pero que ese pedazo de sus vidas que me dejan tener me hace feliz.

Que con cada cambio he aprendido que los duelos, el soltar, son solo momentáneos, que las personas se quedan o se van no solo por la geografía sino porque hay momentos y hay etapas y permanencias y coincidencias y deseo y añoranza. Que el otoño me trae esa sensación de paz mientras camino por la calle en Madrid con las hojas que caen y el viento suave de la mañana, mientras veo, una vez más, que los ciclos siempre son diferentes, pero que siempre con ustedes son mejores.

La vida empieza muchas veces, escuché, la vida empieza muchas veces y somos diferentes, pero seguimos acompañándonos. La vida empieza muchas veces y esa oportunidad de empezarla aquí de nuevo espero que dure mucho tiempo.


PD Esa es una de las primeras fotos que tomé cuando llegué a Madrid en 2010.



17.4.21

[Marrakech] Después de tanto...

*Nota empecé a escribir este post a final del 2020.

Hoy desperté con ganas de viajar, quién diría que este año sería de pausa. Está bien, aprovecharé estas dos últimas semanas para escribir de algunos viajes pendientes. Muchísimos porque en realidad dejé de escribir constantemente hace años, sin embargo es algo que me gusta, que me ayuda y que en algún punto espero recuperar. Claro, es más fácil subir fotos, stories o lives a redes sociales que escribir un texto, buscar las fotografías más claras para narrar una pequeña historia de recuerdos a la distancia. Pero, escribir también es un ejercicio de recuerdos.




Escribir en el post cada tanto y después de tanto tiempo de cada viaje hace que me olvide las calles o los nombres de los restaurantes, pero justo hace unos días el restaurante desde el que tomé la primera foto envío un correo contando sobre su pronta reapertura. Una recomendación es reservar en los lugares más turísticos para comer porque es casi imposible encontrar lugar, dos de ellos Nomad y Naranj.

Marruecos o en realidad Marrakech fue un viaje muy esperado que siempre habíamos pospuesto por el calor o por priorizar algún otro lugar. Me hubiera encantado poder ir al desierto o conocer otras ciudades, pero nuestros 4 días en Marrakech fueron un gran viaje. Fue nuestro primer contacto con "algún lugar en África" y nos sorprendió. Es una mezcla de altavoces con rezos y mezquitas, con olores de comida y especias, ruido y música, lugares extremos de una puerta a otra en todos sentidos.

La llegada no fue sencilla, llovía, se nos olvidó por completo sacar dinero y las Master Card no funcionan muy bien al parecer porque fue imposible lograrlo. Saliendo del aeropuerto entre la arena en el piso y el agua me caí y tuve una rodilla morada los siguientes días. El mercado siempre con gente y un tanto polvoso se convirtió en lodo y charcos, no muy limpios y la experiencia incluía carnicerías entre los puestos. Sin embargo, esas mezclas y contrastes fueron parte de lo interesante y hermoso que puede ser a la vez.

Nos quedamos en un riad, esos edificios clásicos que encuentras entre los callejones y que tienen un patio al centro. El desayuno, una mezcla entre marruecos y un desayuno más occidental. Desde la terraza se escuchaban los pájaros y los rezos.


Comimos en un lugar muy tradicional, pero como turistas y en las mesas de arriba, porque abajo en el primer piso era casi para locales. Lo primero es encontrarlo entre las calles del mercado. Probamos los dulces, pastelitos locales y tradicionales. Comimos cuscús y tahine, probamos el pan y tomamos té. 

Terrase Bakchich

Naranj

Este café des Épices es un clásico de la zona de las especias del mercado. Es un sitio lindo, tranquilo y con buena comida para "picar" algo. En la foto está la tetera, diría que es casi imposible consumir alcohol y la gente toma té de hierbabuena todo el tiempo, cuidado con el azúcar porque ponen  cubos y cubos. Eso sí es delicioso y siempre tienen sus cubiertas tejidas para las teteras.

Café des épices


Lugares maravillosos como el Museo de  Yves Saint Laurent y su helado de azafrán, con su entrada carísima, pero con una colección hermosa. Cada uno de los palacios o demás "atracciones turísticas" tiene un costo igual de 70 dirhams, unos 170 pesos mexicanos, que se pagan en efectivo. Fuimos en noviembre, el clima estaba muy decente y hasta suéter en la mañanas se podía usar. Había filas en los palacios, pero no las que se describen en otras fechas del año, de cualquier modo durante la fila siempre hay algo que ver y gatos que hacen compañía.



Diría que hay que perderse en Marrakech, pero con cuidado porque literal sí te puedes perder fácilmente entre sus callejones. No hay internet en los teléfonos europeos en general o hay que pagar mucho por él, así que lo más sencillo es descargar el mapa de Google para usar sin conexión.

Hablar francés o inglés ayuda, pero las señas siempre salvarán. Y, un callejón más implica encontrarte con una tienda de telares que hace las pashminas más lindas del mundo o con ese cafecito que tiene el mejor sándwich.


Las tumbas saadíes, el Palacio de Bahía, el palacio El Badi, cada uno más impresionante que el anterior. La ciudad se siente segura en general, aunque seguí todas las instrucciones al extremo de no interactuar con los vendedores insistentes y no tomar fotos en la plaza principal para evitar cualquier tema. Las cobras y otros animales están ahí todo el tiempo y es una sensación un poco triste verles a los pobres. Aquí después de la foto perdí un suéter que me encantaba, por si lo ven es fiusca. 





El hotel en el que nos quedamos fue Marraplace y estuvo bastante bien en precio y ubicación porque no fue tan complejo encontrarlo y eran muy amables. En este viaje reservé hotel y transporte de ida y vuelta por Booking y funcionó excelente, nada patrocinado, solo para que tengan una opción :)

Puede que este no sea el post mejor escrito, con más datos o inspirado, pero de otro modo se queda otros seis meses guardado y mejor así, les conté poquito, pero me acordé de mucho. Y, como siempre ya quiero volver a viajar.

Como nota adicional y dato curioso, me gusta recordar a esas personas que hemos conocido en viajes y con las que compartimos espacios, pero nunca volvimos a ver porque eran personas de viaje, con las que en ocasiones no intercambiamos contactos por mejor que la hayamos pasado. El chico coreano en Lisboa, los argentinos en Atenas, una mexicana en Marruecos, un alemán en Copenhague y más.

30.12.20

[Reto "Como agua para chocolate"] Tortas de Navidad

Hace unas semanas publiqué un tuit en el que decía que ya iba siendo hora de leer  "Como agua para chocolate" por quinta vez y que lo curioso es que no tenía una copia propia. Claro que releyendo el blog me di cuenta que en realidad sería la sexta. Unos días después llegó a mi puerta un regalito que me hizo muy, pero muy feliz, una copia de "Como agua para chocolate", muchas gracias S. Por cierto, sí pondré más seguido mi lista de deseos en internet, porque resultó que A. ya me había comprado otra copia (ahora podrás leerlo y contarme).

Leer "Como agua para chocolate" no solo es leer una novela que me gusta, es leer sobre comida, sobre tradiciones, sobre mujeres, sobre cultura, sobre historia, sobre amor, sobre educación, sobre género, sobre nosotras. Así que sean team Tita o team Gertrudis, el libro tendrá algo más, algo nuevo siempre, con cada lectura. 

Dice NLE que hay demasiados libros que leer en el planeta como para releerlos, y puede ser que tenga razón, pero para mí, como ya dije alguna vez aquí, siempre habrá libros de cabecera. Y, como siempre he intentado hacer mi reto tipo "Julie and Julia", pero con "Como agua para chocolate" esta parece ser la ocasión ideal, pandemia de por medio. Sí, es verdad que Julie comienza a escribir el blog y se pone el reto de las recetas porque estaba en crisis existencial, creo que escribir siempre tiene una parte de catarsis, siempre, pero en este momento, a pesar de, casi todo parece estar en orden por aquí. 

Esta vez no solo pensé en empezar mi reto de recetas, lo empecé. Claro con la receta más sencilla del libro y adaptada a mi realidad, me preocupa un poco cuando llegue el turno de las recetas poco adaptables como las codornices. La primera receta las "tortas de Navidad" ya la habíamos intentando hace unos años con mi madre, pero no me acordaba de ello hasta que las probé, tal vez la memoria de los sabores, cosa que hasta en Ratatouille queda clara, porque existen en nuestra memoria.

Así que me daré todo el largo 2021 para hacer las recetas del libro, tal vez con excepción de los fósforos, lo digo desde ahora. Todas las recetas estarán medio adaptadas, así que no me juzguen, al contrario de Julie, a mi cocina, no a mí, no le va seguir con detalle las recetas o las reglas. Ahora que lo pienso tal vez sea el único espacio en el que no sigo las reglas tal cual y por eso me parece tan desestresante, feliz y liberador cocinar. Y claro por frases como esta el blog es "terapia".

Así que acá la primera receta, las "tortas de Navidad" que desde ahora digo son un sabor diferente, pero me quedaron "rebuenas". El primer paso es picar la cebolla, así nació Tita en la cocina, entre lágrimas que luego formaron costales de sal, así que intenten picar cebolla y no llorar o aprovechar, como dicen por ahí, "la lloradita" picando cebolla.

Y, bueno, este sería el momento del post de fin de año, de año nuevo, pero en vista de... no hay listado de viajes, aunque sí lo hubo y espero escribirlo pronto para no olvidar los detalles de Sao Paulo. "We will travel again".



Tortas de Navidad 

Para tres tortas

3 bolillos o teleras

1/3 de lata de sardinas en tomate (no tiren el "caldito")

1/3 de bolsita de chorizo vegetariano

1/4 de cebolla

Chiles en vinagre


Pican finita la cebolla, lo que las lágrimas les permitan ver para no cortarse y la ponen a freír con poquitito aceite a fuego bajo hasta que quede transparente, huela rico y ya no lloren. Después, agregan el chorizo, el mío era vegetariano, así que no tarda nada en quedar listo, pero si el suyo es normal que se haga bien. Una vez listo, agregan las sardinas, yo las puse completas y las deshice en el sartén agregando unas 4 cucharadas de su líquido. Remuevan hasta que quede todo bien juntito. Mientras tanto los bolillos ya deben estar listos para rellenar. La receta dice que dejen descansar el guiso antes de rellenar, pero yo tenía hambre y solo las dejé esperando unos minutos. Después de armar sus tortas las meten a calentar unos minutos y al salir le añaden los chilitos al gusto -no abandonen a las zanahorias, que sienten feo-. 

Y, así en unos 15 minutos tienen las Tortas de Navidad listas. El resto de las recetas tardará bastante más en hacerse, pero por intentar no paramos.

Que el 2021 venga con cosas bonitas individuales y colectivas, que nos dé responsabilidad colectiva y esperanza por una vida mejor para todas las personas. Ah, y sobre todo, que venga con muchos sabores y todos los viajes pendientes.

27.6.20

[Viajes] Los recuerdos, las saudades, el futuro

Escribir nunca es fácil, para mí es sentirme "bien", sentirme de algún modo con esa sensación de tener algo que decir, algo que siento que debo poner en palabras. Tal vez sea este sábado que empecé con libros y con Vetusta, con recuerdos, con más de 100 días en casa, de una vida diferente, en la que tengo esas terribles saudades madrileñas, pero que hoy son saudades por todos esos lugares maravillosos del mundo. Cada uno con sus cosas perfectas y con sus difíciles o tristes, pero cada uno con cosas diferentes, impresionantes, nuevas o con recuerdos.

Tengo días pensando si los recuerdos por plasmar son Londres y Oporto o Marruecos o simplemente las calles de Madrid. Lo más faćil es empezar por el final, por São Paulo o por los recuerdos de lo que no pasará pronto, Oaxaca. Pareciera que agosto y Oaxaca están destinados a no ser.

Estoy oyendo a Vetusta: "ya es hora de replegar las alas rumbo a casa" y pensaba en ello cuando le decía a Adela que me recordaba cuando acá escribí esa serie de despedida madrileña hace ya "todos esos años", pero al final Madrid nunca te deja por completo.

Los viajes, cada uno, nunca se van, nunca se olvidan los paisajes, los olores, los sonidos, aunque a veces nos los recordemos. 

Dice Kapuscinski en "Los viajes con Herodoto":

 “…el viaje no empieza cuando nos ponemos en ruta ni acaba cuando alcanzamos el destino. En realidad empieza mucho antes y prácticamente no se acaba nunca porque la cinta de la memoria no deja de girar en nuestro interior por más tiempo que lleve nuestro cuerpo sin moverse de sitio. A fin de cuentas, lo que podríamos llamar «contagio de viaje» existe, y es, en el fondo, una enfermedad incurable.”

Así que consideraré que sigo viajando, que seguimos conociendo a través de los recuerdos, de las cosas que se aprenden buscando la dirección de aquel café o el nombre de la música que escuchaba en la orilla del Duero, del recorrido de museo que me dieron en portugués solo a mí, porque no había nadie más en ese día y a esa hora, en la fila de dos horas para probar "las mejores gyozas de Tokio" o los viajes en 2011 en los que sin la libretita de indicaciones no hubiéramos llegado a ningún lado porque vivíamos sin smartphone, a aquellos meseros de un bar de Córdoba que me buscaron la dirección del hostal y casi nos llevaron a la puerta, la noche en el aeropuerto de Roma con mucho frío y un esguince, la tormenta de nieve en una carretera parisina y caer al dar el primer paso en Marruecos, ese rincón de mar en Lisboa y la Torre de Belém, mi querida torre, estar frente a la Moneda y caminar lentamente encontrando a Allende en las calles, el mercado en Oaxaca, sus pueblos y "la plaza más viva de este país", siempre con sus globos y los buñuelos que entran por las ventanas, los viñedos infinitos de la Rioja y los rezos de noche en Marruecos, la historia del mundo en Berlín, la tristeza infinita en Hiroshima y la grullas de esperanza, las noches frías y la migraña por altura en Bogotá, el aeropuerto sauna de Panamá, la neblina de Xalapa y la lluvia de Cuetzalan, las hojas de otoño en las calles de Madrid, las noches de mercado de Navidad en Estrasburgo, Abbey Road acercándose a la Tardis en Londres, las papas fritas con mayonesa de Bruselas, los canales de Ámsterdam y los trenes de La Haya, las esculturas en Copenague, las cenas de Navidad en Florencia, los bares de Sao Paulo y la Real Biblioteca de Río, los miles de pasos la primera vez en Nueva York y los lugares reconocidos a la vuelta, el agua helada en los pies de ese paso por Salem, los recuerdos de esas semanas en Boston, las idas y venidas al sur con papadzules incluidos, Valparaíso con sus grafitis y su luna llena, Washington y Sevilla con sus guías de turistas y Granada con la nieve en las montañas, el mar en Edimburgo, las sopas de Glasglow y la Catedral que guarda siglos y siglos en sus paredes, Los Ángeles y el curry verde, San Francisco y sus contrastes, la exposición en su museo que engañaba la vista, los encuentros con el pasado en Izarra, Ensenada y sus sonidos de olas contra las piedras, San Diego la perfección que puede ser un error y el beisbol cerca del mar, Dublín y "la chica del tren" en un bar de hostal, Puebla con su biblioteca, Monterrey con la distopia en un museo, Querétaro y el amor a distancia, Atenas y los filósofos que susurran en el Partenón, Lima y el puente de Chabuca, el castillo de Trujillo escondido entre las nubes, la pirámide del adivino, Van Gogh por los museos, las surrealistas en el Reina Sofía, Busapest y el violín junto al Danubio, Toronto y volver de noche sola, segura, Malinalco y los viajes del pasado y la gente que llega para quedarse, San Cristóbal siempre desde antes de llegar y Palenque con sus pirámides aún bajo la tierra, el calor insoportable del aeropuerto de Miami, la noche helada en el río de Providence, la pizza en Chicago, el cliché hecho amor, Los Cabos y el amor en la orilla del mar, Villahermosa y su pejelagarto doble, Michoacán, el coche prestado, el coche descompuesto, el aventón de un pueblo a otro, Milán y los martinis, Boloña un paso sorprendente, San Sebastián siempre, siempre por volver, Aveiro con las dunas y sus casas de colores, Braga y los mil escalones, Santander y Fuente Dé, Valencia los roadtrips y la ciudad de las artes, Nikko el lugar en donde el viento aún se escucha en los árboles, el viento de Totoro, el viento que dice que todo estará bien, que solo son cambios, que vendrán más recuerdos, que viviremos nuevos cada día, que seguiré viviendo los que aún no suceden mientras los imagino, mientras los espero.


6.12.19

[AIG 2019] Quesos felices y recetas que probar


Por fin puedo sentarme a contarles las cosas lindas que llegaron de parte de mi AIG este año. Mi Amiga Invisible Gastronómica este año fue Alicia de Sabor a Fresa, LA organizadora (sí con mayúsculas). Muchísimas gracias por la dedicación y el tiempo a los regalitos, las fotos no hacen justicia. 

Antes de describirles lo que me ha enviado, les cuento que yo hubiera querido enviar más cositas mexicanas a mi AIG y sobre todo cosas hechas a mano, pero esto de estar en un espacio similar a un no-lugar no me dejo llegar a tanto como hubiera querido, de cualquier modo lo envié con mucho cariño y espero que le haya gustado.

Ahora a los regalitos, lo que más ilusión me hizo, no por que lo demás no me haya gustado mucho fue el queso que está delicioso, en verdad muy bueno y NLE lo confirma (hace tanto no escribía esto :) ) Así que si ven pasar por ahí este quesito no lo dejen ir.


La otra cosa que me encantó fue el libro de Lorraine Pascale, casi no tengo libros de comida, conste que dije CASI, y las recetas de Lorraine siempre me han llamado la atención. Su programa lo he seguido en ocasiones y me parece interesante su propuesta así que contenta.


Después, Alicia me ha enviado unas galletas hechas por ella, DELICIOSAS, necesito la receta Alicia. Muy bonitas y detalladas, en verdad lo agradezco. Incluyó unos bombones, servilletas navideñas y... 


Finalmente, un cortador súper lindo en forma de de calaverita y uno de muñeco de jengibre.

                              

Así que gracias por organizar de nuevo este AIG que me encanta, fue un gusto coincidir para poder jugar y ojalá que el año que viene se haga de nuevo y que muchas retomemos este camino de los blogs que siguen siendo un lindo espacio en este red que se mueve y cambia constantemente.



20.11.19

[AIG 2019] Estamos de vuelta

Quienes tenían esa adorable costumbre de seguir mi blog tal vez recuerden que existía este maravilloso intercambio llamado AIG (Amigo Invisible Gastronómico). No es contaré toda la historia, pero sí menciono que comenzó con BEA en 2008 y  que cuando viví acá participé tres años y uno desde México. Siempre felices coincidencias. 

Este año que por casualidad estoy en Madrid, decidí volver. Somos pocas, pero será que ahora Instragram se lo lleva todo y que los blogs "son muy años 2000", pues será, pero mi blog siempre ha sido ese espacio feliz, así que me da gusto volver con el pretexto del AIG.

Acá algunas entradas de años anteriores: 2011, 2012, 2014. En su momento estaban estas otras entradas (1 y 2) que, según yo podrían ayudar a mi AIG, pero como voy tarde las pongo por el cariño y no por ayudar, ya que es posible que ya venga en camino algo lindo. Por cierto, que leyéndome nueve años después de haber escrito alguna de esas entradas, me distingo, me encuentro, pero sí, sí he cambiado.

Así que venga el AIG, que aparezcan los recuerdos y los reencuentros, con el blog, con los espacios y conmigo misma. Y, gracias a Alicia por mantener vivo este lindo espacio.




28.12.18

[Japón] Nikko, los templos hermosos en el bosque

Estaba pensando cuál era la mejor forma de hablar sobre la comida en nuestro viaje a Japón y no en definitiva después de darle vueltas durante la mañana no encontré la forma ideal. Pensé en mecionarla toda en un solo post, luego en ciudades, en orden, por temas..., pero nos comimos tanta cosa fotografiable y deliciosa, conocimos lugares perfectos y hermosos. Así que empezaré por ciudades incluyendo comidas y con mención a la del avión, sí a la del avión. Así que por falta de costumbre, debido a mi ya muy reconocida falta de presencia en este blog comenzamos por lo más pequeñito: Nikko.

Cuando pasamos meses planeando el viaje teníamos algunas decisiones que tomar sobre qué ciudades conocer y cuánto tiempo invertiríamos en cada una. Una de las decisiones que me llevó más tiempo y para la que leí todos los comentarios posibles de internet fue si visitar Nikko o Kamakura, las dos son ciudades cercanas a Tokio. Nikko fue la decisión tomada.


Nikko está a unas dos horas en tren desde Tokio. No es una ruta sencilla, hay que tomar entre dos y tres trenes. El último de ellos un tren antiguo que no es muy frecuente. Sus asientos de madera y tela roja son, sin duda inspiración para Miyazaki. Al llegar a la estación de tren de Nikko se puede subir caminando a la zona de los templos, pero el camino es largo y lo de subir es en serio, mi recomendación es subir en los autobuses que hacen recorridos a través de la zona turística y luego pueden bajar caminando hasta la estación -aunque nosotros nos bajamos en el puente y el resto caminando-.


Sin duda lo impresionante de Nikko son los templos, los laqueados detallados en cada uno de ellos y que están rodeados por un bosque perfecto. Un día en Nikko es suficiente para ver lo básico, pero tal vez sea una buena idea quedarse en uno de sus onsen y recorrer con calma cada uno de los sitios.

En los templos de Nikko, como en muchos otros que conocimos no se puede tomar foros en los lugares sagrados donde aún se practica culto o en los que hay reliquias valiosas. Y, recuerden quitarse sus zapatos, siempre o casi siempre hay zapateras a las entradas, pero si no quieren dejar sus preciados zapatitos pues carguen una bolsa para ponerlos cuando se los deban quitar.





Nikko, como decía, tiene muchos templos el más importante e impresionante es el templo de Toshogu, que se construyó como el puente entre 1610 y 1620. Algo interesante de este templo es la cantidad de animales desde los famosos monos que no ven, oyen o hablan, elefantes, dragones de todo tipo, grullas, tigres y más. Lo siento, pero sí pensé en Kung-fu panda por un momento.

Una vez que se llega al mausoleo de Tokugawa Iemitsu se puede ver el bosque y algunos de los templos desde arriba, son cientos de escalones que una japonesa se dio a la tarea de subir y bajar con un chelo cargando a su espalda. 





Comer no fue tarea sencilla, fuimos un día entre semana y aunque había turismo muchos de los lugares estaban cerrados. Así que como en múltiples ocasiones de este viaje nos salvó Google y sus recomendaciones. Terminamos en un lugar turístico, pero no trap tourist en el que comimos rico mientras dejábamos letreritos sobre el futuro de México en una de las cientos de post-it que adornan las paredes del lugar. El nombre por si acaso: Hippari-Dako y esta en la calle principal de Nikko.

Lo que me queda claro es que me comí todas las gyozas posibles que encontré por Japón, que incluso en alguna ocasión que les contaré espero pronto, pero ya no digo nada, nos formamos por casi dos horas para probar unas de las que tenía en mi lista de lugares a los que debíamos ir.




Cuando caminamos de bajada, hacía ya bastante frío, al final estábamos en medio del bosque. La calle principal la estaban arreglando y no puedo evitar mencionar las máquinas. Eran máquinas de construcción miniatura, adorables. 


Una de las cosas que hay que hacer en Nikko es subir al mauseolo y escuchar el aire entre los árboles gigantes, así como si tratara de escuchar a Totoro.

16.11.18

:: Ocho años después, Madrid ::

Hace un par de días hace 8 años, sí ocho largos años, llegamos a Madrid por primera vez y nos quedamos por tres años, solo tres. Hace casi cinco que volvimos. El tiempo nos engaña. Los primeros días allá no fueron sencillos, pero la primera semana que estuvimos ahí tomé estas fotos y vaya que reinventamos el amor, el nuestro, el compartido, el de la familia y nuestras personas más queridas, allí se sumaron algunas y a la vuelta otras más. Sin embargo, después de cinco años, volvería sin pensarlo, mañana mismo, extraño la ciudad, sus atardeceres, sus calles y sonidos. Sobre todo extraño sentirme segura y más libre, -sí, lo sé-. Cada vuelta la agradezco e intento quedarme con lo más posible, pero siempre tengo esa sensación de pérdida y es que, es verdad, que empiezas a dividirte y que a través de los años partes de mí, de ti, quedan esparcidas por las ciudades y las personas, las calles y los cerezos, los bares y las fotografías, en las risas compartidas, en las ciudades más antiguas y sobre todo en las eternas saudades de volver.



13.4.18

[Japón] Los tips para sobrevivir

Hace poco menos de una semana volvimos de 10 días de viaje en Japón. Es complicado describirlo porque es maravilloso, organizado, amable, perfecto, amé, amamos Japón, tal como esperaba y más. Antes de irnos, mientras planeaba el viaje, ya decía que no había llegado y no quería volver... tal cual.

Así que de los muchos posts que debo en los últimos años, literal, y de los muchos que podría escribir sobre Japón, escribo sobre los consejos para sobrevivir o mejor dicho vivir mejor el viaje a Japón.




1. Rentar Pocket Wifi
Si usted no tiene idea de lo que eso significa le cuento, es un pequeño aparatito que viene en diferentes formas y modelos que funciona como módem inalámbrico, nos deja conectarnos a internet de forma "ilimitada" en el lugar en que nos encontremos. Se pueden conectar diversos aparatos electrónicos como teléfonos móviles y computadoras. No lo dude, les salvará.

Lo rentas por internet, hay diversas opciones, para 10 días unos $50 usd. Lo recoges a tu llegada al aeropuerto en la oficina postal y desde ahí ya cuentas con Wifi. Para regresarlo te entregan un sobre prepagado que puedes depositar en el mismo sitio a tu regreso al aeropuerto.



2. Bajar apps de transporte público
¿Vives o has viajado en ciudades con grandes redes de transporte público? Entonces no tienes mucho de qué preocuparte. El metro, el tren y los autobuses en Japón son puntuales, rápidos y sencillos de usar, mientras tengas internet y estas apps a la mano. Mis recomendaciones como siempre son lo que a nosotros nos funcionó durante el viaje, seguro hay más, pero utilizamos una combinación de lo siguiente: Google Maps, Metro Tokyo y Japan Official Travel App. Entre ellas puedes encontrar desde la línea, el andén y el minuto en que salen el metro, los trenes o autobuses. 

3. Sí o sí Japan Rail Pass 
¿Planeas salir de Tokio? Entonces TIENES que comprar el Rail Pass, seguro que si llegaste a este post ya leíste algunos más sobre el tema, pero el JR Pass se compra desde tu país, hay muchas opciones tanto locales como compra en línea, yo los compré en: Japan Experience. Te los envían en un par de días por FedEx, la recomendación es comprarlos con tiempo, yo los compré mes y medio antes del viaje. 

Sobre el JR Pass hay varias opciones, las básicas abarcan prácticamente todo Japón por 7, 14 o 21 días en "primera clase" o normal. El de 7 días cuesta alrededor de 270 USD por persona con envío. Puedes tomar la mayoría de los trenes y reservar asientos, lo cual te facilita saber a dónde ir. Las estaciones están señalizadas muy bien por lo general, con información en japonés e inglés. 

En nuestro caso complementamos con la tarjeta de metro por 48 horas, para los últimos días en Tokio. Funciona muy bien y es barata, pero recuerda comprarla en el aeropuerto. Esta tarjeta funciona para las lineas de metro que no sean JR, lo cual también es sencillo de comprender y usar con la app 

El JR Pass incluye el N'EX que es uno de los trenes que te llevan de Narita al centro de Tokio. El recorrido es de aproximadamente una hora. Para volver como ya no teníamos el pase nos costó alrededor de 3000 yenes, unos 600 pesos mexicanos.

4. Traductor de Google 
En las zonas turísticas las personas japonesas pueden comunicarse en inglés, pero en otras no y saber algunas palabras básicas te ayudarán, sin embargo no en todos los lugares tienen información en inglés o menús traducidos, por lo que en ocasiones tener a la mano el traductor de Google te ayudará a tener más claridad.

Aunque claro hay lugares en los que te explican hasta con detalle cómo deberías de comer en ese restaurante:


5. Reserva con anticipación
Viajar a Japón, sobre todo en tiempo de cerezos, debe ser planificado con meses de anticipación. Los hoteles llegan a tener 98 % y más de ocupación así que si llegas sin planearlo será complicado encontrar en dónde dormir. Lo mismo para los trenes de larga distancia, reserva en cuanto llegues al país, aunque debes buscar la oficina JR adecuada, ya que algunas solo reservan para el mismo día. 

Otra cosa son los museos, tanto el de Ghibli (al que en una extraña decisión no fuimos) como el de Yayoi Kusama necesitan reservarse con al menos un mes de anticipación. Los boletos salen a la venta y se acaban en menos de una hora.

Y, sí, en estas fechas prepárate para las largas filas. Así que aprovecha el jetlag y sal muy temprano.

6. Todo se paga en efectivo
Aunque con la cercanía de los juegos olímpicos cada vez se integra más tecnología para lograr un serio incremento al turismo, la mayoría de los lugares no aceptan pagos con tarjeta, incluso algunos hoteles no lo hacen. Así que lleva yenes, puedes cambiar dinero llegando al aeropuerto, pero cuidado que según vi no aceptan pesos, así que mejor llevar dólares. 

En los 7Eleven, que como se puede ver en otros sitios te salvarán la vida en comida, bebida, pago con tarjeta y hasta una camisa nueva, tienen cajeros que aceptan tarjetas extranjeras, no todos lo hacen.

7. Siempre usa calcetines
En muchos lugares en Japon, como templos, hostales e incluso restaurantes no debes usar zapatos, sobre todo al subir a un tatami (pequeñas mesas bajas en las que te sientas a leer o comer que tienen un tejido especial). Así que siempre usa calcetines o medias, te aceptamos los hoyitos. En los lugares públicos hay estantes para dejar tus zapatos y otros hay bolsas de plástico para que los lleves contigo mientras recorres el templo.




Y, bueno algunas cositas más que te harán ser adorable turista:


  • No hables fuerte en el metro o tren
  • No respondas y tu teléfono y baja el volumen
  • Siempre agradece y para pedir algo, es decir el equivalente de "perdón" o "disculpe" siempre puedes decir "sumimasen"
  • En las escaleras del metro y otros lugares camina por la derecha y espera a la izquierda
  • Fórmate para entrar al metro o tren, siempre están señalizados los espacios
  • En Japón puedes tomar alcohol en público, así sea en la calle o en los trenes, pero siempre cuida el respeto por las demás personas.
  • No comas caminando y en muchas calles está prohibido fumar. En los restaurantes depende de cada uno, así que puedes preguntar antes.
Iré poniendo algunas cositas más mientras trato de escribir algunos posts sobre Tokio, Kioto, Hiroshima o Nikko, pero ¿alguna otra idea?