30.12.16

[À bientôt 2016]

Sobra decir que este año estuve más ausente que nunca. Parece una racha, cada año en México he escrito menos. En estos días se cumplieron tres años de haber vuelto, justo el mismo tiempo que pasamos en Madrid, y sí, se sigue extrañando como el primer día.

La ciudad nos ha tratado linda y sorpresivamente, muchas de las personas más queridas están aquí, ahora, pero otras están esparcidas por el mundo. Las saudades a veces son como la neblina en San Francisco presente casi cada día, a ratos y tan comunes.



El año complicado para el mundo entero, sobre decirlo - social, político y económico-, es triste, muy triste cuando se observa y se escucha un poco más allá. Balances complicados de hacer. Tanto que tuve que ver fotos para recordar partes de este año, espacios largos y otros que parecen agolparse sobre sí mismos. 

La primera mitad comenzó con Oaxaca siempre maravillosa y por primera vez compartida con NLE. Después disfrutada entre espacios breves y siempre queridos, entre asados y cachorros, familia, nacimientos y cumpleaños.

Nueva York y Washington se asomaron para recordarme cuanto me fascina esa ciudad de enormes contrastes, llena de todo, donde un hombre vela estaba ahí para sorprendernos, donde rodeados de libros encontramos de nuevo a "les compadres". Una casa antigua, con un desayuno de Tiffany´s nos encontró en el camino con olor a pan casero y café.

Perú llegó de forma inesperada, fue rápido, fue el puente de Chabuca Granda, fue aprender, ver el mar y cruzar el ecuador. Al volver, el mundo comenzó a contraerse.



El doctorado finalmente terminó, con una sensación de vació, pero terminó, al fin. Bastante solo, con un viaje a países que no conocía, leyendo a Vargas Llosa y The Girl on the Train, compartiendo espacios con las esculturas más impresionantes que he visto en mi vida en Copenhague, tomando cerveza, probando cafés, caminado, caminando, caminando y comiendo otras en un pub de Dublín, soñando con volver al barrio de Salamanca. Allí donde están esas personas, donde están "las nubes de refresco sabor naranja".

A la vuelta, una luna azul de octubre a la orilla del mar marcó nuevos caminos para mi hermano y A., los mejores estoy segura.

Entre una vorágine de días que se comían unos a otros, difíciles sin duda, pero acompañados por las personas -las antiguas y las de reciente adquisición-, con espacios de comida italiana, fusión, yucateca, coreana, el mejor nigiri, los abrazos, las risas, los discursos de boda y las cenas... esos pequeños espacios (en los que siempre estás), nos llevaron de nuevo a Oaxaca.

Entre sus tlayudas, el chocolate, los chapulines, los globos, el mezcal y la sierra. Su música y sus calles, son mías siempre mías. Me devuelven, me esperan pacientes con el siguiente café en la plaza.

Hoy comenzando a ordenar a dejar atrás, a planear, a pensar... Retomando de a poco la cocina, los libros, las fotos, mis espacios, reconociéndome.

Siempre con ayuda de este pequeño espacio así nació.


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El conteo de libros un poco complicado, pero algunos maravillosos o entretenidos o surrealistas (Bretón en México).

Eso sí el conteo de los viajes acá. Esos viajes que digo que son pocos, se sienten pocos, se desean todos.

Ciudades: 
Cuernavaca - Tequesquitengo, Querétaro (4), Puebla,  Oaxaca (2), Nueva York, Madrid
Nuevas: Los Cabos, Lima, Washington, Copenhague, Dublín.

Países:
Estados Unidos y España. 
Nuevos: Dinamarca, Irlanda y Perú.

À bientôt 2016

10.3.16

[Cardamomo] Nómada Heladería

Nómada es uno de esos espacios adorables que he encontrado en este par de años (sí ya par de años) recorriendo esta ciudad, ahora oficialmente #CDMX. Una heladería, que si no me equivoco comenzó como un carrito de helados en forma de food truck, que acaba de abrir tu tercer espacio en la ciudad, dos en la Condesa y uno en el nuevo mercado de la Juárez, que aún es un pendiente.

El espacio que está en Ámsterdam 297 está bien organizado, es un lindo y limpio diseño. El café es de Buna lo cual lo vuelve excelente, los helados con sabores diferentes y servidos como postre al plato con pequeños detalles que los vuelven grandes helados (con precios de medio a caro -el café-). Sabores favoritos como caramelo con sal o cardamomo (insuperable).

Tienen sándwiches de helado, como los que comías cuando eras pequeña; macarrones, un poco congelados, pero gran sabor a probar de nuevo sólo por el pretexto; cositas ricas como la crème brûlée, demasiado dulce para mí, pero rica sin duda y servida con tu helado favorito.

Nómada es uno de esos espacios a los que hay que ir, luego volver y regresar, ¿les dije que hay que ir?


16.2.16

[Oaxaca 2016] Descubriéndola de nuevo

Todo el mundo debería iniciar el año viajando, o al menos hacer un viaje durante el primer mes del año, o bueno ¿no se puede vivir viajando? Sería el estado perfecto de vida.

Este año, también, comenzamos viajando. Un viaje muy diferente al del año pasado en todos sentidos, pero lo mejor a una ciudad que extrañaba mucho: Oaxaca.



Hace mucho tiempo hice otro post sobre la ciudad, literal mucho: 2011. En él contaba algunas cositas que todo el mundo que tenga algo de interés es posible que conozca. En este post la idea es contarles algunas de esas cosas que redescubrí de la ciudad, cosas que antes no estaban allí y cosas que me encantan, por las que espero regresar muy, muy pronto.






Así que en Oaxaca siempre hay que quedarse cerca del centro, entre la plaza principal y Santo Domingo. Oaxaca es sus mercados, el pasillo de "las carnes" con sus charolas y las señoras de los chapulines. En Oaxaca hay que caminar de ida y vuelta varias veces y comer tlayudas. Tomar chocolate con agua en los portales, conocer San Pablo y alejarse un poco para observar lo que queda entre la estación del ferrocarril y la Iglesia de la Soledad. Descubrir el Museo de Arte Moderno (MACO) y el de la filatelia con sus patios blancos y su luz. En Oaxaca hay que escuchar a la gente bailar danzón, a los globos gigantes que se mueven en el atrio de la catedral y los mezcales que se sirven en cada calle. A Oaxaca siempre hay que volver, en avión, en autobús, en coche y tal vez, algún día podamos volver en tren.