28.8.11

Reflexiones sobre: ¿Mi globalización o la del mundo?

Entre la ficción y la realidad:



Es de mañana estoy tomando un té de arándano hecho en Suecia, en una taza hecha en Italia, sentada junto a una ventana y un clima fresco por segundo día consecutivo, después de semanas en Madrid. Soy mexicana y he vivido en 3 diferentes estados de México. Mis amigos viven en el Estado de México, en Cuernavaca, en Querétaro, en el D.F, en Monterrey, en Madrid, en Nueva Delhi, en Bogotá, en Johannesburgo y en Honduras,. Mis quesos favoritos son franceses, ingleses y mexicanos, y mis vinos chilenos o por qué no un café colombiano o uno veracruzano.

Escribo este texto en una computadora de marca estadounidense, pero que ha sido ensamblada en China. Reconozco cruzando la calle a personas de raíces latinas y árabes. En el último mes he hablado tres idiomas distintos, y convivido con personas de más de 15 países diferentes. En unos días compraré un boleto de regreso a México y uno de ida a San Diego, mediante el Internet y pagare en diferentes monedas con un tipo de cambio a peso mexicano.  

Por la tarde hablaré con mis padres, que estarán desayunando en una vajilla alemana, viendo noticias,  donde probablemente se hablará sobre la bolsa de Japón y el Dow Jones. Mi hermano saldrá de casa en una camioneta hecha de ideas japonesas, ensamblada en Brasil y utilizada en México. Subirá en ella a dos perros, uno nacido en algún barrio de la ciudad y el otro de “fino” linaje alemán. Irá al campo a practicar su escalada y en el camino platicará con campesinos de la sierra, que le dirán como viven cada día con lo que les deja la siembra del mes. Comerá pollos asados en la carretera, siempre acompañados por tortillas de maíz, ese poco que se salva de los transgénicos de las grandes trasnacionales, y con frijoles mexicanos, de los pocos que nacen en el país  y no son importados. Llegará a la montaña e instalará su equipo inglés en las rocas, mientras recuerda a los amigos suizos que han regreso a su país después de haberlo acompañado a ese lugar.

Mientras tanto, en Madrid se hace tarde, debo llamar mediante un teléfono que vino de Estados Unidos a un amigo que vino de México y que ahora tiene un hijo español y una novia mezcla del teléfono y del pequeño hijo. Iremos a algún sitio a tomar cervezas de Bélgica, llegaremos ahí en vagones de metro hechos en Canadá, mientras escuchamos en la radio que el Tratado de Libre Comercio otra vez no será modificado y que los migrantes seguirán cruzando la frontera con miedo. Pausa. Suena el teléfono, el de la computadora, es EdZen que cuenta sobre la visita de la familia. La que va de Bolivia y la que va de París, van todos a México para las fiestas navideñas.

Así que convivo y convivimos con la globalización cada hora de cada día y es un concepto indefinible, es bueno y malo a la vez, tan real como etéreo y tan dañino como útil. Es algo que el mundo entero vive, que siempre ha existido con la humanidad, pero que las telecomunicaciones, crecientes y cada vez más rápidas han hecho tan notable y tan común que pasa desapercibido.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

esta puede ser tu tarea de contexto..... :) o asi fue???
algo te faltóc omentar sobre que estamos conectados con todo el mundo a cualquier momento pero que cada vez en general somos menos capaces de estrablecer relaciones de frente a frente... :S


dalve.

Zarawitta dijo...

Jajaja, ¿cómo adivinaste? Sólo sufrió una o dos oraciones de modificaciones. Hay que hacer tareas originales.

Y sí, me faltó mencionar ese detalle, así es un poco mi relación con una de mis primas siempre me burlo diciéndole que somos mejores amigas virtuales, en personas casi no hablamos.

Lo que me recuerda una frase de "La amigdalitis de Tarzán" que comienza diciendo "y pensar que después e tantos años, siempre fuimos mejores pro carta".